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Seguridad y prevención: Más allá de los índices, más cerca de las personas

27 / 05 / 22

Qué duda cabe de los desafiantes momentos que vivimos como país y región en cuanto a no sólo haber enfrentado una de las pandemias más temibles de los últimos cien años, sino que también hoy vivimos crisis en seguridad, orden público, polarización y desconfianzas, las que presionan nuestra búsqueda permanente por tener trabajadoras y trabajadores seguros, donde haciendo prevención nos anticipemos para proteger su salud y en consecuencia mejorar su bienestar.

Porque no podemos separar una cosa de otra, porque lo que se vive en las empresas también es un reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad.

Desde nuestra creación como Cámara regional hemos mejorado constantemente en la puesta en valor de la seguridad laboral, fomentando una labor enfocada en reforzar las medidas de cuidado, robusteciendo los liderazgos en obras, identificando peligros para adelantarnos a posibles situaciones de riesgo, abriendo canales de comunicación internos e involucrando a los trabajadores en este desafío.

A este fortalecimiento de las normas y consciencia de que la prevención tiene un rol esencial en la industria, no de manera decorativa, sino que esencial para su desenvolvimiento y sostenibilidad, la pandemia además generó un cambio en nuestra manera de hacer las cosas, adaptándonos a una nueva realidad con la puesta en marcha de estrictos protocolos sanitarios que nos permitieron seguir funcionando y que han modificado los patrones de conducta de todas y todos quienes somos parte de esta actividad productiva, enriqueciendo nuestra cultura laboral. Cambios que, como se sabe, llegaron para quedarse.

Pero además no sólo ha sido seguir protocolos y reglas, las que por supuesto son básicas para que tengamos un común entendimiento sobre nuestras acciones, sino que además hemos abierto espacios de diálogo en nuestras empresas denominados Sentémonos a conversar -que ya cumplió su tercera versión este 2022 y que estamos pidiendo a nuestros socios no sean realizados sólo en momentos específicos del año, sino que sean parte de su gestión periódica-, donde también nos tratamos de hacer cargo o por lo menos abordar un factor tan relevante para el cuidado personal y colectivo como es la salud mental, campaña que sintetizamos en la figura de un piso azul, símbolo de encuentro y seguridad.

A pesar de que, como dije en el principio de esta columna, no estamos exentos de la conflictividad que se vive en nuestra sociedad, por lo que hechos de este tipo también se ven en los espacios laborales, hemos decidido tomar un camino hacia el diálogo, el encuentro y la confianza, pues nos valoramos y nos necesitamos para hacer obras juntos -muchas de las cuales están directamente vinculadas con la calidad de vida de la comunidad- y en ello también nos sanamos.

La CChC Atacama actúa y trabaja con las personas: el compromiso con la seguridad es transversal, no puede sólo estar circunscrito a las empresas, sino que debe tener un alcance más amplio: debe ser un aporte concreto a nuestra sociedad.

Sin duda hemos avanzado mucho en el tiempo, pero no sólo basta con evitar situaciones de riesgo, también tenemos que aportar en mejorar la calidad de vida. En ese sentido los medidores de desempeño (conocidos por sus siglas en inglés como KPI) son indicadores de avance, lo que está muy bien, pero cuando se transforman en objetivos absolutos suelen atomizar los grupos y fomentar los egoísmos, rompiendo la mística y el deseo de trabajar juntos, que es donde finalmente podemos construir comunidad. Y desde ese espacio donde nos juntamos a trabajar podemos contribuir en la búsqueda de una salud integral y una felicidad sustentable en el tiempo, que es lo que da sentido real a las personas, a las familias y a nuestro quehacer diario.