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Seguridad y prevención: Desde el trabajo a la vida cotidiana

05 / 10 / 22

Durante estos meses, cuando entramos a la última parte del año, los principios que construyen a la seguridad y prevención toman más relevancia que nunca. Esto pues nunca debemos olvidar que estos principios están intrínsecamente ligados a lo que entendemos por ser parte de una determinada comunidad, ya que finalmente, en su esencia, se trata de entender que dependemos unos de otros y que evitar accidentes no sólo tiene que ver con el uso de elementos de protección personal, sino que también con cuidarnos, conversar, considerar y colaborar.

Es bueno darnos unos momentos para reflexionar sobre estos temas y, desde esa base, pensar en cómo podemos cada uno de nosotros -que somos parte de esa comunidad- aportar en este camino. Y quizás una buena manera de hacerlo es desdibujando esa frontera que parece separar nuestro comportamiento vinculado a la prevención en el mundo laboral y en la vida cotidiana, pues es importante tener siempre presente que nuestras acciones tienen consecuencias y que de nosotros depende tomar las medidas para mitigar esos riesgos. Esto no quiere decir que las dinámicas sean las mismas, porque no lo son, pero lo que sí se puede hacer es extrapolar los aprendizajes y aplicarlos dentro de los marcos que corresponden.

Partamos por comentar los avances que en estas materias han tenido los sectores productivos durante los últimos setenta años. Desde la creación en 1968 de la Ley 16.744, que establece normas sobre Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales y que dio un carácter jurídico, obligatorio -permitiendo la fiscalización- y fortaleció desde un punto de vista ético a la seguridad laboral, las medidas que se han ido tomando en ambientes de trabajo, la profesionalización del área, las nuevas aristas -un ejemplo en el último tiempo ha sido la pandemia- y las dinámicas implementadas en base a reglas entendibles y de fácil comunicación ya son parte esencial de los espacios laborales.

Quizás el mejor ejemplo de lo anterior es lo que ha sucedido en la minería, que ha construido toda una cultura de seguridad alrededor de la industria, incluyendo una activa participación de los propios trabajadores y trabajadoras. El compromiso del Gobierno para ratificar el Convenio 176 de la Organización Internacional del Trabajo sobre seguridad y salud en las minas, que entre otros aspectos fortalece el derecho a la consulta y participación en las medidas aplicables a los riesgos presentes en esta actividad
productiva, justamente va en ese camino.

Es imposible, por lo tanto, que podamos entender estos avances sin ese trabajo conjunto que debe estar permanentemente presente en la prevención. Sólo la concientización de los riesgos a los que estamos expuestos y a los que podemos exponer a los demás, fortaleciendo en este camino el sentido de comunidad, para que todas y todos podamos llegar sanos y salvos a nuestros hogares después de nuestras jornadas de trabajo, es el principal activo en que se ha sostenido la seguridad laboral y donde tenemos que seguir trabajando, pues aún estamos lejos, tomando en cuenta los dolorosos eventos que han ocurrido este 2022, de llegar a la única meta que deberíamos permitirnos: el
cero accidentes fatales.

Pero este espíritu de colaboración, que tanto ha aportado en transformar nuestros lugares de trabajo en ambientes seguros, en la vida cotidiana muchas veces no se compensa. Según el Anuario Estadístico de Carabineros en 2021 las cifras de fallecidos en el país por accidentes de tránsito durante el año pasado tuvieron su mayor aumento desde 2016 -tras una baja sostenida entre 2017 y 2020-, en la mayoría eventos vinculados a exceso de velocidad, incumplimientos de normativas o irresponsabilidades de los conductores. A esto podríamos sumar lo que ha provocado la destrucción de mobiliario público, como semáforos o señalización, la falta de mantención de vías urbanas e interurbanas, los accidentes domésticos y la sensación de inseguridad que se vive en nuestros barrios.

Finalmente a lo que debemos apelar es a que nuestra integridad física y psicológica dependen de que podamos entender y poner en práctica en nuestra vida cotidiana ese sentido de colaboración que está presente en la prevención y que ha permitido que tenga grandes avances en las últimas siete décadas. Evaluar riesgos, prevenir las consecuencias de nuestras acciones y empatizar con los demás, así como también estar en el presente, conscientes de lo que estamos haciendo -conducir, transitar por espacios comunes, ocupar elementos que puedan poner en peligro la integridad de los otros-. Son acciones que no debemos nunca dejar de tener presente en nuestro día a día.

Yerko Villela Lopizic
Presidente Comisión Minería y Construcción CChC Copiapó