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El efecto dominó de la reforma laboral

01 / 09 / 15

El 7 de septiembre vence el plazo para que las autoridades ingresen las indicaciones que –esperamos– subsanen los problemas estructurales de la reforma laboral, como es la compleja situación en que quedarían las pymes, que constituyen la base de la cadena productiva de todos los sectores, incluyendo la construcción.

En lo que respecta a nuestra industria, hemos insistido en que no es viable realizar procesos de negociación colectiva en pequeñas y medianas empresas que ejecutan obras o faenas y que, por lo mismo, mantienen una relación laboral con sus trabajadores por breves períodos, que muchas veces no superan los seis meses.

El propio ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha sostenido que el derecho a sindicalizarse y a negociar colectivamente nace porque el trabajador de una empresa va aprendiendo durante el ejercicio de su labor y se hace más productivo, por lo que el valor de lo que produce aumenta. Y dado que esa renta no es solo del trabajador ni del empleador, los procesos de negociación colectiva se justifican para dirimir la captura de esa mayor productividad.

Cabe preguntarse entonces si esta lógica es aplicable a las empresas de la construcción que hacen obras o faenas. Y la respuesta es “no”.

Los procesos de aprendizaje ocurren en el mediano y largo plazo, por lo que no benefician a una empresa en particular cuando la relación laboral entre ésta y el trabajador es de corta duración, no existiendo, por ende, motivo para que negocien colectivamente. Ahora bien, los trabajadores de la construcción sí van perfeccionándose a lo largo de su vida laboral, lo que es reconocido por toda la industria cada vez que éstos acuerdan individualmente sus condiciones para incorporarse a una nueva obra o faena, lo que suele ocurrir al menos una vez al año.

La mejor prueba de ello es que el período 2004-2014 las remuneraciones en el sector construcción aumentaron 55% versus el 33% en que crecieron las remuneraciones de la economía en general.

La reforma laboral hace caso omiso de esta realidad –y de la naturaleza misma del objeto que busca regular–, forzando procesos de sindicalización y de negociación colectiva que pondrán en una situación muy complicada en especial a las pequeñas y medianas empresas de la construcción, muchas de ellas creadas por trabajadores que han decidido independizarse e iniciar su propio negocio.

Cabe recordar que para adjudicarse un proyecto de construcción cada empresa compromete previamente un precio y un plazo, condiciones que luego no puede modificar. Con negociaciones colectivas durante el transcurso de la obra o faena, ese compromiso quedará permanentemente en entredicho.

En consecuencia, los mandantes verán retrasarse sus proyectos y sus planes de inversión se volverán más inciertos. Las grandes constructoras internalizarán especialidades que normalmente subcontratan y sustituirán mano de obra. Y las pymes no podrán anticipar con certeza sus costos laborales y tendrán serios problemas si éstos les aumentan cuando estén cumpliendo un contrato. Súmese que tendrán menos oportunidades de negocios y el resultado es que irán quedando fuera de mercado, pudiendo algunas incluso desaparecer.

Ahora que la economía nacional vive un momento complejo es bueno recordar que la obligación más básica de una legislación laboral es proteger e incentivar el empleo y la subsistencia de sus principales creadores: las pequeñas y medianas empresas.

Jorge Mas Figueroa

Presidente

Cámara Chilena de la Construcción