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Copiapó: ICVU 2018

24 / 05 / 18

En la memoria aún está fresca la portada de un diario capitalino, que decía, en base a un estudio de percepciones sobre ciudades chilenas, que no había que visitar ni vivir en Copiapó. Como CChC publicamos una carta días después exponiendo lo indignante de que se creara una imagen arbitraria sobre una ciudad donde una cantidad significativa de personas ponen sus expectativas personales, familiares y laborales.

Pues bien, a principios de mayo se dieron a conocer los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana -ICVU-, que desarrollan la Universidad Católica y la Cámara Chilena de la Construcción. Éste mide seis dimensiones -vivienda y entorno, salud y medio ambiente, condiciones socio culturales, ambiente de negocios, condición laboral y conectividad y movilidad-, a través de indicadores objetivos y comparables, las que permiten construir un ranking comparativo entre 93 comunas del país, que representan el 78% de la población en Chile. Copiapó apareció en el lugar 21.

Más allá de que ambos estudios tengan metodologías diferentes, uno perceptual y el otro en base a indicadores objetivos, lo importante es que no se puede generalizar, sino que por el contrario, estas iniciativas lo que permiten es detectar potencialidades y déficits y desde ahí proyectar la implementación de buenas políticas públicas, en el marco de procesos sociales participativos e inclusivos.

En el caso del ICVU, Copiapó tuvo como una de las variables de mayor valoración la conectividad y movilidad, lo que grafica que todavía tenemos una ciudad a escala humana. Si lo comparamos con comunas de Santiago, donde las personas deben transitar distancias de una o dos horas, es notable el impacto positivo sobre la calidad de vida.

Pero estas condiciones si no se concilian en el marco del crecimiento que va teniendo la ciudad, no podrán sostenerse en el largo plazo. Para esto se debe profundizar la labor en planificación urbana, ordenamiento territorial y protección frente a nuevos aluviones, lo mismo que en otras áreas como educación, trabajo, salud y medio ambiente, ámbitos que tienen incidencia en cómo nos relacionamos con nuestro entorno y que encadenados pueden generar un círculo virtuoso mejorando la habitabilidad de los copiapinos y lo mismo aplica para otras ciudades de Atacama.

Esto es lo que especialistas llaman “disyuntivas del desarrollo”: cómo congeniar las características propias de una ciudad con lo que necesitamos para crecer armónicamente. Copiapó está enfrentando un proceso urbano complejo, que puede ser presionado por un nuevo boom minero y que ya tiene entre sus principales desafíos preparar urbanamente la ciudad en caso de nuevos eventos naturales -como los aluviones de 2015 y 2017-, y que necesita ser dirigido de manera urgente, siempre poniendo por delante el bienestar de sus habitantes.

Juan José Arroyo Díaz

Presidente CChC Copiapó