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Chile, país rico

18 / 07 / 20

Atravesamos tiempos turbulentos. Desde hace mucho tiempo las descalificaciones mutuas reemplazaron el debate de ideas y proyectos. La convivencia armónica en sociedad parece una quimera en medio de agresiones personales que terminan por desalentar hasta al más entusiasta.

En medio de tanto conflicto en desarrollo es bueno detenerse a mirar en donde estamos situados. Chile es un país privilegiado. Nuestro país alberga riquezas en abundancia.

Somos indiscutiblemente el mayor productor de cobre del mundo, con 5,6 millones de toneladas métricas el 2019, más que doblando la producción de quien lo sigue. Este país tiene la tercera mayor reserva de agua dulce del mundo, con 1.200 ríos que lo recorren de cordillera a mar. Junto con Argentina y Bolivia, Chile integra el triángulo del litio, en donde se estima se encuentra el 85% de las reservas del estratégico metal blando, cuya valoración es equivalente económicamente al petróleo existente en Arabia Saudita. El potencial de energía solar del norte del país permite abastecer 60 veces el consumo nacional y el 20% del mundial. En Magallanes se encuentran reservas de gas, estimadas según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en 8,3 trillones de pies cúbicos, suma mayor a lo explotado por ENAP durante los últimos 73 años acumulados lo que aseguraría el abastecimiento para las décadas futuras. Por si fuera poco, los mejores cielos del mundo para la observación astronómica se encuentran en nuestro país. El 70% de la capacidad de observación mundial se ubicará en estas tierras cuando finalice en 2024 la construcción del ELT (Extremely Large Telescope) el telescopio más grande del mundo a 130 km de Antofagasta.

Cuesta entender que en el mismo país descrito anteriormente existan más de 47.000 familias viviendo en campamentos. Que haya más de 185.000 niños y jóvenes que no asisten a la escuela. Que la preocupación hoy sea cómo financiar la vejez. Que medio país viva en ambientes altamente contaminados. Que la sensación de precariedad sea la que impera.

Es preciso reenfocar la conversación hacia cómo aprovechar el gran potencial que ofrece el país. Es preciso hablar entonces de inversión en infraestructura. Solo mediante un proyecto de largo plazo será posible revertir la condición de aspirantes al desarrollo. Es necesario despegar la visión del suelo y mirar hacia el futuro con ojos nuevos. Las oportunidades están para quienes saben aprovecharlas ¿seremos capaces?