Esta es la primera
columna que escribo como presidente de la Cámara Chilena de la Construcción
Valparaíso y quiero partir con una convicción: nuestra Región tiene
capacidades, proyectos y acuerdos para avanzar. Lo que necesitamos ahora es
transformar ese capital acumulado en decisiones, inversión, empleo, vivienda y
mejor calidad de vida para las personas.
Asumimos esta
responsabilidad junto a Andrea Ceruti, José Antonio Abarca y Fernando
Bustamante en la Mersa Directiva Regional de la CChC, con la voluntad de
contribuir al desarrollo regional. No partimos de cero. La Región de Valparaíso
cuenta con diagnósticos conocidos, necesidades urgentes y una agenda construida
con autoridades, gremios, academia y sociedad civil. El desafío de esta etapa
es llevar esa agenda a la acción.
Las cifras de
desempleo, déficit habitacional, campamentos y menor actividad de la
construcción no son solo estadísticas. Detrás de ellas hay familias que esperan
una vivienda, trabajadores que buscan una oportunidad y comunidades que
necesitan mejores ciudades, infraestructura y servicios. Por eso, reactivar la
inversión no es un objetivo aislado: es una condición para generar empleo
formal, ampliar oportunidades y recuperar dinamismo económico y social.
La Región dispone
además de proyectos e iniciativas estratégicas identificados y priorizados en
espacios de encuentro y trabajo relevantes, como el que hemos venido
desarrollando durante los últimos dos años en la Alianza por el Desarrollo de
la Región de Valparaíso. El desafío ahora es contribuir a que avancen: abordar
nudos críticos, mejorar los procesos de permisos, fortalecer la certeza
regulatoria y generar condiciones para que la inversión se materialice con
estándares adecuados y plazos razonables.
La vivienda será
también una prioridad. Nuestra Región mantiene uno de los déficits
habitacionales más altos del país y una realidad de campamentos que exige
respuestas con pertinencia territorial. Pero hablar de vivienda es hablar
también de ciudad: de suelo, conectividad, infraestructura habilitante,
equipamiento y acceso a servicios, y de eso estamos muy conscientes.
Necesitamos soluciones integrales y colaboración público-privada para acelerar
proyectos y ampliar oportunidades para las familias.
Mi manera de entender
esta responsabilidad es simple: la Cámara debe aportar desde su experiencia
técnica, su capacidad de propuesta, su convocatoria y su disposición a
colaborar. Nuestro rol no es reemplazar a otros actores, sino ayudar a
articularlos. La Región necesita que el mundo público, privado, académico y
social trabaje con objetivos compartidos y sentido de urgencia.
Tenemos ante nosotros una
oportunidad real de avanzar. No basta con identificar los problemas ni con
acordar las soluciones: debemos ejecutarlas. Ese será nuestro compromiso:
convocar, proponer y colaborar para transformar los proyectos en progreso y el crecimiento
en bienestar y mejor calidad de vida para los habitantes de nuestra región.